El desempleo juvenil en la tierra del emprendimiento y las oportunidades


“Para encontrar trabajo hay que tener paciencia y buenos zapatos….”
(Un jóven de San Antonio)

Por Roberto Guerra V.

Mucho se habla sobre las bondades de la sociedad de mercado y de las posibilidades que existen para salir de la pobreza a través del emprendimiento, paradigma de la transformación de pequeños comerciantes, trabajadores independientes o dueñas de casa en empresarios. Sin embargo, las porfiadas tasas de desempleo se encargan de recordarnos la cruda realidad de la falta de trabajo que afecta a cientos de miles de chilenos.

En el caso de los jóvenes, poco a poco y de manera sorprendente se va configurando una “explicación” que propone entender la problemática del desempleo desde la precariedad que arbitrariamente se les atribuye, quitándoles de paso el habla. La imagen que se nos presenta es la de un joven escaso en habilidades, inexperto por definición cuya contratación representa en sí misma una apuesta o francamente un problema. Sin embargo, con mucho esfuerzo y creatividad estos “jóvenes precarios” elaboran e implementan diversas estrategias para lograr la inserción laboral demostrando que tienen ganas y capacidades que aportar ahora, no en un futuro que pareciera no llegar.

El desempleo juvenil

 

Según cifras de la OIT, durante la última década el desempleo juvenil experimentó una fuerte alza afectando en la actualidad a cerca de 88 millones de personas entre los 15 y 24 años. Si bien sólo el 25% de la población en edad laboral de entre 15 y 64 años son jóvenes, estos representan el 47% de las 186 millones de personas desempleadas que existían en el planeta el año 2003.[i]

En nuestro país la situación no deja de ser menos preocupante. Los jóvenes de menores ingresos tienen niveles de desocupación casi seis veces más altos que los jóvenes de mayores ingresos [ii] llegando a doblar y a veces triplicar la tasa general de desempleo, sobre todo en el grupo de entre 15 y 19 años. [iii]

Existen diversas hipótesis que intentan explicar esta situación. Se dice que el desarrollo económico no sería capaz de generar los puestos de trabajo suficientes para cubrir la demanda de empleo o que habría aumentado el número de jóvenes que buscan trabajo por primera vez. También, que el proceso de integración al mundo laboral está mediado por la ausencia de ciertos requisitos en un sector de jóvenes que haría que estos busquen integrarse al mundo laboral sin haber terminado sus estudios, teniendo como consecuencia inmediata una inserción precaria al mundo del trabajo. Para otros, se trataría de un desajuste entre oferta y demanda (jóvenes con escasa calificación e inadecuada educación), y actitudes personales que dificultarían la inserción).[iv] Variables como la edad y la escolaridad también afectarían fuertemente las posibilidades de encontrar trabajo dado que cuánto más jóvenes y menos educados, mayores son las tasas de desempleo porque el capital humano acumulado es menor.[v]

En el marco de esta discusión anotemos dos consensos: la incorporación temprana al mundo del trabajo por parte de los jóvenes significa un ingreso en condiciones absolutamente desmejoradas a la actividad laboral, y que completar los ciclos educacionales junto con retardar el ingreso al mundo del trabajo posibilita el acceso a empleos en mejores condiciones que los jóvenes que no los han terminado. [vi]

De la búsqueda al primer empleo

 

La búsqueda de trabajo constituye quizás una buena radiografía de cómo los jóvenes entienden el proceso de inserción laboral, y las estrategias que ponen en práctica para conseguir un empleo. Estos han heredado un estilo de buscar trabajo tradicional que con el paso del tiempo se va transformando en rutina y que puede resumirse en el ciclo confección del Currículum, búsqueda de ofertas y presentación en el sitio de la vacante.

Aunque para la mayoría de los jóvenes “tener un buen Curriculum” es un elemento básico para buscar trabajo, estos no logran dar cuenta del conjunto de habilidades y experiencia que poseen. Les cuesta “venderse”, mostrar lo que saben, dar cuenta de sus fortalezas, por lo que es común ver que sus curriculums sean ante todo una lista de trabajos en los que no es posible distinguir funciones realizadas, ni productos alcanzados.

Currículum en mano, comprando el diario, pero fundamentalmente a través de “datos” entregados por familiares y amigos los jóvenes comienzan la búsqueda. Mucho empeño y esfuerzo parecieran ser algunos de los adjetivos que permiten caracterizar este proceso, aunque como se sabe ello no es suficiente.

En general se trata de una búsqueda poco organizada y que no distingue prioridades, lo que redunda en que no pocas veces se presenten a ofertas en las que por el nivel de su empleabilidad tienen escasas o nulas posibilidades de ser empleados. Vemos que no siempre existe un equilibrio entre el interés vocacional del joven (el trabajo que les gustaría tener) con el perfil requerido por el empleador (los requisitos formales asociados al cargo). Sin embargo y valiéndose de múltiples recursos, los jóvenes se las ingenian para transmitir sus ganas de trabajar y las cualidades que los harían acreedores de la vacante buscando sortear esta desventaja inicial con la que se encuentran.

En lo que respecta al salario llama la atención que salvo contadas excepciones la gran mayoría señale estar dispuesto a trabajar por el sueldo mínimo. Ello puede tener diversas lecturas, muchas de las cuales se vinculan con el conocimiento que los jóvenes tienen del mercado laboral y sus variaciones, pero sin lugar a dudas es un claro indicador de la dimensión del problema de la cesantía, particularmente de los jóvenes.

El trabajo y su significación para los jóvenes

 

El trabajo tiene distintas significaciones para los jóvenes. Por un lado, se asocia con un “estar bien”, con la posesión de cierta seguridad para enfrentar la cotidianeidad, una suerte de “piso” desde el cual proyectarse al futuro. Tener un trabajo representa la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida y la de su entorno inmediato, o sencillamente en sus palabras “ayudar en la casa”. La capacidad de generar de ingresos propios y contribuir con ello al pago de las cuentas también significa adquirir o incrementar el derecho a participar de ciertas decisiones hasta ese minuto exclusivas de los proveedores tradicionales.

Sin embargo, la primera experiencia laboral resulta ser un asunto controversial para los jóvenes. Las extensas jornadas de trabajo, bajos sueldos, explotación y abusos de parte de los jefes, stress, falta de tiempo para compartir con la familia y amigos con que se encuentran vienen a desdibujar los innegables aspectos positivos del ingreso al mundo del trabajo.

“… El autoritarismo de algunos jefes. Creen que por ser los dueños del negocio, empresa o lo que sea son casi dioses y pueden humillar y denigrar”.

Se quejan que los empleadores privilegian más el especto estético que los atributos personales a la hora de contratar un trabajador, por lo que la exigencia de “buena presencia” que de común se suele escuchar es percibida como un factor más de exclusión. De este modo, para un sector de jóvenes el primer trabajo formal conlleva un proceso de relativización de la identidad en el que -por las características de un medio adulto poco amigable y respetuoso de su individualidad- se ven obligados a esconder o disfrazar la adscripción a determinadas culturas y formas de expresar su juventud. Para buscar trabajo y lograr un contrato, es preciso sacarse los bototos, los cueros y cortarse el pelo.

“Yo tuve que venir disfrazada con ropa de señorita a la entrevista. Y después demostrar que yo podía, y que yo tenia que estar aquí me empecé a vestir como me visto siempre. Y así y todo el día que llegue de negro me dijeron “bah… andai vestida de punky…!”

Consideran que el mercado estimula y a veces premia un estilo de competencia que definen como insano, que sería incompatible con los valores que para ellos son importantes como el respeto, la solidaridad y en el terreno de la competencia, la lealtad. Sin embargo, se apresuran en señalar que están conscientes que esta situación de alguna manera está relacionada con las condiciones en que se desarrolla la búsqueda de trabajo en un contexto alto desempleo, lo que podría explicar el surgimiento de actitudes poco solidarias y un mal entendido concepto de la competencia.

Como corolario de este proceso los interminables periodos de prueba y evaluación a los que son sometidos por el solo hecho de ser jóvenes son percibidos como otro signo de una discriminación que se va haciendo odiosa y que hace de la primera experiencia laboral un proceso de alta incertidumbre.

Trabajo estable, la principal aspiración

 

Para algunos el futuro se asocia a la necesidad de contar con empleo (“Me veo trabajando en una empresa estable, con un contrato de trabajo”) para contribuir al sustento familiar, lograr independencia económica, mientras que para otros, adquirir mayor movilidad social a través de los estudios (“Antes de buscar trabajo quiero estudiar porque sin estudios difícilmente voy a trabajar en lo que me gusta”) representa la principal meta a la que aspiran llegar.

Al hablar de empleo, la mayoría aspira a conseguir uno de carácter dependiente, estable, con contrato de trabajo y sueldo justo. Otros manifiestan su desencanto con esta forma de lo que según ellos significa “trabajar apatronado” y se inclinan por el trabajo de tipo independiente, generando su propia fuente laboral. No obstante al ser consultados por las características que debiera tener un trabajo ideal ambos grupos coinciden en que este debe tener “buenos sueldos y horarios”, “sin explotación”, con respeto a los trabajadores, “donde se nos valore y con un sueldo acorde al trabajo realizado”, “sin discriminación”, y “que tenga posibilidades de ascenso y rotación”

Reflexiones finales

 

El ingreso al mundo del trabajo constituye un hito de alta de significación en el proceso de integración social de los jóvenes. Un trabajo digno, realizado en condiciones justas contribuye a la realización personal y favorece el desarrollo del proyecto de vida. Asimismo, el salario junto con contribuir a satisfacer diversas necesidades representa una clave de independencia para los jóvenes que les hace conquistar pequeños pero crecientes trozos de autonomía.

No contar con un trabajo, junto con las consabidas restricciones que supone, trae consigo una fuerte presión social y familiar y un enorme golpe al autoestima de estos jóvenes. Sucesivas búsquedas infructuosas y fracasos hacen que para algunos este proceso vaya derivando en frustración, la que sin embargo se vincula con diversos factores que no solo son atribuibles a su inexperiencia o falta de interés como a veces se suele escuchar. La falta de reflexión y planificación del proceso de inserción laboral de común se traduce en una búsqueda de trabajo que en general no responde a ninguna estrategia y que hace que los jóvenes intenten –a veces con desesperación- afirmarse de cualquier posibilidad existente, más que realizar un análisis del entorno y evaluar en que nicho o sector del mercado tienen más oportunidades de insertarse de acuerdo a la formación y experiencia que poseen.

La tradicional exigencia de experiencia laboral aparece como uno de los principales elementos que se interponen entre ellos y la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo. Se trata de una exigencia que tiene mucho de paradojal: la misma sociedad que empuja al joven hacia la puerta que da al mundo del trabajo, exige a este el carné de la experiencia para poder ingresar, lo que en un contexto de alta cesantía no hace más que complicar la situación de los jóvenes que buscan empleo.

Como es sabido los jóvenes enfrentan este proceso sin más experiencia que la adquirida en la etapa escolar y en esporádicas aproximaciones al mundo laboral. Así, es de suponer que este proceso requiere de un escenario que permita el despliegue y aprendizaje tanto de las capacidades y atributos que en este último caso, en buena medida, son entregados por la misma experiencia laboral, razón por la que la manida exigencia de experiencia resulta ser un cruel eufemismo que dificulta producir el ingreso al primer trabajo.

Así las cosas la relación entre jóvenes y empleo tiende a tensarse. Ser joven, desempleado, provenir de una comuna popular, no haber terminado los estudios y no poseer un oficio es una situación francamente compleja que hace que los jóvenes de comunas populares se vean enfrentados a una triple discriminación que tiene carácter de clase, genero y generación.

No es de extrañar entonces la particular rapidez con que se impone la lógica de la carencia y la precariedad como explicación de las dificultades que tienen para encontrar trabajo. Sin embargo esta forma de entender el problema resulta ser funcional a la desigualdad y a lo que los jóvenes denominan “falta de oportunidades” que el mundo de los adultos les ofrece. No esta demás preguntarse qué ocurre que en la tierra de las oportunidades estos jóvenes no puedan disfrutar de las tan promocionadas ventajas de la economía de mercado.

Los jóvenes populares cargan entonces, no solo con sus propias falencias, sino que también con la inexperiencia, escasez de habilidades, falta de responsabilidad y otros adjetivos que el mundo adulto de común les asigna. Estamos en presencia de un escenario cultural, político y económico que lejos de favorecer el proceso de inserción social y laboral de los jóvenes, viene a reafirmar la visión de transito y precariedad que de estos posee el mundo de los adultos.

Será necesario entonces inaugurar una nueva forma de relación con el mundo juvenil que permita enfrentar de manera creativa y resuelta esta problemática, con medidas que se alejen del prejuicio favorezcan la actoría y tomen distancia de soluciones paternalistas que como se sabe en nada contribuyen a la superación del desempleo.

[i] “Tendencias Mundiales del empleo juvenil 2004”. OIT.

[ii] Víctor E. Tokman. “Desempleo Juvenil en el cono sur. Causas, consecuencias y políticas”. Serie Prosur. Fundación Friedrich Ebert, 2003.

[iii] INE. Indicadores de empleo. Citado en “Los efectos de la crisis económica y la actividad actual de las y los jóvenes chilenos”, INJ Mayo 2001.

[iv] Jürgen Weller, “La problemática inserción laboral de los y las jóvenes”. Presentación realizada en el Seminario”Empleabilidad juvenil, Políticas Públicas y Mercado Laboral”. Interjoven, 2004.

[v] Tokman, Op. Cit.

[vi] Si bien es cierto la escolaridad completa no asegura de por sí el empleo, se puede decir que es fundamental. Es por ello que se habla que el termino de la Enseñanza formal (ciclos básico y medio) constituye hoy día un requisito básico de inserción. Ver Documento de Trabajo “Inserción Laboral de los Jóvenes” MINTRAB 2003.

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1 Response to “El desempleo juvenil en la tierra del emprendimiento y las oportunidades”


  1. 1 Virginia noviembre 4, 2005 en 6:15 pm

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