El quehacer cultural de base


“La mejor manera de pensar, es pensar en la práctica”

Paulo Freire, Educador Brasileño

 

 

 

Ponencia presentada al “Congreso de la Cultura” organizado por Cultura en Movimiento en la Universidad de Santiago de Chile, USACH, Diciembre de 2003

 

En las siguientes líneas se presentan algunas breves reflexiones acerca de la gestión cultural de base que solo pretenden contribuir a generar un debate que ayude a problematizar el quehacer cultural comunitario, y estimule la realización de nuevas acciones en el campo de lo cultural y lo artístico.

 

Diversidades: de la atomización a la búsqueda


Si a inicios de los años ´90 y del primer gobierno de la transición existía cierto consenso en que los conceptos que de mejor forma describían el panorama organizacional eran los de atomización y dispersión, entrada la década del 2000 los de búsqueda y reorganización parecieran dar cuenta en cierta medida de en que están hoy las organizaciones y gestores culturales a nivel de base.

 

En nuestras poblaciones existe un rico caudal de expresiones organizacionales, artísticas y culturales de carácter alternativo que dan cuenta de la existencia de un sector que tiene algo que decir y que lucha por hacerse un espacio. Allí está el Taller Infantil que cada fin de semana realiza animación callejera, la Radio Comunitaria que irrumpe en el dial de las poblaciones, quienes pintan graffitis, los que hacen música, recuperan plazas, son testimonios elocuentes de que lo que antes se echaba de menos, y se le motejaba de atomizado, esta allí, quizás aun disperso, pujando por reorganizarse y buscando caminos.

 

Sin lugar a dudas, este quehacer dista de ser homogéneo y encuentra en la diversidad de acciones y sentidos que lo componen su sello característico. Esta diversidad en el hacer y pensar la actividad cultural, puede ser vista como fortaleza, pero a la vez como debilidad en lo que a practica se refiere. Es decir, es tan amplia la gama de acciones y de actores (incluso, a veces de intereses) que en no pocas oportunidades dificultan la posibilidad de coincidir en acciones y espacios comunes. Constatamos entones que el fenómeno de la dispersión organizacional aun no desaparece del todo.

 

Por otro lado, vemos que este diverso quehacer cultural se desarrolla al margen de la institucionalidad y lo oficial. La falta de apoyo a las iniciativas de base, el clientelismo político, los favoritismos, la instrumentalización, junto a la ausencia de políticas que favorezcan la creación y la acción cultural son fenómenos que de una manera un otra han dañado las confianzas y contribuido a alejar a un sector importante de organizaciones, gestores y creadores de estos espacios.

 

A nivel comunal existe un extenso abanico de organizaciones que trabajan con personas que realizan su labor por la sola satisfacción de sentirse haciendo algo significativo para ellos y para su entorno, de manera autogestionada, utilizando las redes locales para conseguir infraestructura y materiales.

 

Por el otro lado, la oferta institucional se circunscribe a lo artístico y a la generación de eventos con énfasis en lo recreativo, generando todo ello lo que podríamos llamar un “circuito oficial” y otro “alternativo”. Surgen aquí algunas preguntas. ¿Necesita este sector alternativo relacionarse necesariamente con el estado (municipio, a nivel local) para desarrollar su labor? ¿Si así fuera, esta relación compromete la autonomía e independencia organizacional?, de lo contrario, ¿Existe suficiente capacidad de gestión para sustentar el quehacer de manera independiente?, ¿Cuál es la propuesta o producto con el que se pretende hacer frente al discurso oficial?

 

Autonomía e independencia: una vieja discusión


Aunque de nueva no tenga nada, podemos decir que la discusión acerca de la autonomía e independencia del movimiento social sigue totalmente vigente. Si lo cultural –visto en el sentido amplio del termino- es hoy en día uno de los principales campos donde se desarrolla la disputa ideológica entre el proyecto dominante y los esfuerzos transformadores, en el plano del quehacer cultural de base lo son la participación y la defensa de la autonomía para crear. Si hiciéramos un breve recuento de demandas que surgen del mundo de las organizaciones comunitarias y culturales en estos años, de seguro las exigencias asociadas a la participación ocuparían los primeros lugares: “mayor participación”, “queremos participar en la toma de decisiones”, “que se nos escuche”, “no nos representa ese programa”, etc. son frases que dan cuenta de un estado de insatisfacción con la oferta de participación propuesta desde la institucionalidad, pero que a la vez refleja cierta incapacidad o debilidad para generar espacios propios o derechamente para ir a la disputa de los existentes. Es en este terreno donde apreciamos inconsistencias en el discurso y práctica de muchas organizaciones que se muestran en abierta oposición a todo lo que huela a gobierno, pero que acuden corriendo a buscar las bases del primer fondo concursable existente, o relativizan el discurso critico al momento de golpear las puertas del municipio para solicitar recursos. De este modo, constatamos que en líneas generales existe un diagnóstico común en las organizaciones populares y gestores culturales de base respecto a las posibilidades de hacer y crear desde los espacios oficiales, lo que sin embargo no se traduce necesariamente en acciones que expresen una disposición de aunar voluntades y esfuerzos que construyan un camino distinto al propuesto por el modelo.

 

Por nuestra parte, creemos que este quehacer cultural al que hemos hecho referencia debe defender su autonomía e independencia, y su carácter no partidario ni gubernamental, lo que no quiere decir, que se debe auto-excluir de los espacios existentes, ni que legitime el discurso del apoliticismo como forma de trabajo. Ni lo uno, ni lo otro. Diversas experiencias desarrolladas a lo largo de estos años dan cuenta de que es posible acceder a recursos públicos (ya sea a través de aportes directos, subvenciones, proyectos o auspicios) y de este modo materializar acciones abiertamente antisistemicas y de carácter popular, sin hipotecar necesariamente el discurso crítico ni la autonomía.

 

Entonces, pareciera que en algunos sectores prima el criterio de la autoexclusión, que la reflexión política que favorezca al menos problematizar esta relación.

 

Del mismo modo, del momento en que se organiza una actividad cultural en recuerdo de las víctimas de la dictadura, cuando se revitaliza un espacio público abandonado por las autoridades, cuando se pinta un mural en contra de la guerra, cuando se elige o no asistir a un Cabido Cultural, se esta haciendo referencia a una actividad que en si misma tiene un componente político. Otra cosa es la pretensión hegemónica de una determinada fuerza política, lo que sin embargo tampoco excluye el legitimo actuar de los partidos en este terreno.

 

Estar en sintonía con la cotidianeidad de la gente


Entonces, si entendemos este quehacer como no partidario ni gubernamental, ¿En torno de que ejes nos articulamos?, ¿En que imaginario nos reconocemos? ¿Cómo nos ponemos de acuerdo en la diversidad?.

 

Si concordamos que es a nivel de la vida cotidiana de las comunidades donde se construyen los actores sociales y desde donde podemos analizar los significados y sentidos de las acciones y prácticas colectivas, sería preciso entonces sintonizar con los problemas y necesidades que surgen de la vida cotidiana de esas comunidades en los lugares en donde realizamos nuestro trabajo.

 

Es por ello que resulta preciso insistir en la necesidad de aunar esfuerzos y voluntades que permitan fortalecer la presencia y actividad de este movimiento cultural de base, en dialogo permanente con las demás organizaciones de la sociedad civil y los problemas que enfrentan las comunidades.

 

Creemos que uno de los desafíos principales radica en –a partir de esta sintonía a la que hacemos referencia mas arriba- incorporar a la gente como actores de los procesos de animación y gestión cultural de base, buscando nuevos temas, abordando de manera innovadora los problemas sociales existentes, recuperando la historia local, revitalizando espacios públicos, en función de fortalecer y masificar la actividad cultural. Se trata entonces, de resignificar la gestión cultural y utilizarla como instrumento al servicio del fortalecimiento de la democracia y el empoderamiento de los sectores populares.

 

Propuestas, desafíos

 

En esta dirección, algunos ejes de trabajo pueden ser:

 

          La lucha por la memoria y la reivindicación de la cultura popular

          La oposición a la hegemonía del mercado y al neoliberalismo

          La autonomía e independencia de la organización y creación artístico cultural

          El fomento a la creación artística y cultural de los artistas populares

          El énfasis de base y la promoción organizacional

          El carácter solidario y de cooperación como forma de trabajo

 

Asimismo, creemos fundamental:

 

Fortalecer el desarrollo de redes de trabajo y cooperación entre las organizaciones culturales desde al espacio local al nacional, que permitan la generación de espacios de diálogo y encuentro entre organizaciones y creadores,

–  Favorecer la reflexión constante entre los actores culturales a objeto de aprehender de manera constante la realidad y buscar estar en sintonía con ella,

–  Trabajar con criterio de amplitud, evitando los sectarismos. Se trata de sumar.

–  Aprovechar todos los espacios y recursos disponibles para la actividad cultural de las organizaciones y creadores,

–  Disputar el terreno de lo cultural con acciones concretas que vayan marcando camino y que nos permitan trabajar con quienes sientan la necesidad de hacer algo y expresen la voluntad de juntarse con otros que comparten esta inquietud.

 

A modo de síntesis, la existencia de centenares de agrupaciones culturales y creadores representa una tremenda oportunidad para la construcción de alternativas a la hegemonía cultural del modelo, desde la misma base social, alternativa que se gesta y fortalece desde la práctica y la acción concreta. •

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