¿Hacia un Ministerio de las Culturas? Presencias y ausencias de un proyecto


Le monde Diciembre

En su cuenta pública del 21 de mayo de 2011, el Presidente de la República expresó la voluntad del gobierno de impulsar la creación del Ministerio de Cultura. Dos años después y con el apoyo unánime de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, el proyecto de ley hizo su ingreso al parlamento.

El propósito del proyecto es generar una institucionalidad para la formulación y aplicación de políticas, planes y programas destinados a contribuir al desarrollo de las artes, de las industrias creativas y la difusión de la cultura, como asimismo, rescatar, conservar, incrementar y difundir el patrimonio cultural y promover la participación de la ciudadanía en la vida cultural del país. De este modo, la nueva institución reunirá a los actuales Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), con la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM) y el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN).

A modo de contexto

Desde inicios de los ’90 las comisiones presidenciales asesoras de cultura encabezadas por Manuel Antonio Garretón (1990) y Milan Ivelic (1997) constatan la “ausencia en el Estado de una instancia coordinadora y capaz de diseñar políticas culturales que sea el interlocutor público para el mundo de la cultura”.   Asimismo,  lo escasa de “jerarquía, de gran dispersión”, carente de infraestructura a nivel regional y “absolutamente insuficiente para preservar nuestro patrimonio y servir de base al fomento y desarrollo de la creación artística”, de esta. A partir de dicho diagnóstico, en el  año 2003 se crea el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, CNCA que da inicio a la llamada “nueva institucionalidad cultural”.

Así, en las últimas dos décadas el sector de la cultura ha experimentado un evidente crecimiento en nuestro país. Más allá de cualquier diferencia, la creación del CNCA, el apoyo a la creación con el sistema de fondos concursables, los importantes avances en infraestructura al alero del programa de Centros Culturales[1], la existencia de políticas culturales, la diversificación de los agentes que intervienen en los procesos de gestión de la cultura, las miles de experiencias comunitarias a lo largo del país, entre otros aspectos, constituyen avances relevantes para el sector cultural.  Los esfuerzos de agentes culturales públicos, privados, las prácticas de autogestión, los espacios asociativos, los programas de formación, la labor de gestores y artistas independientes, van también, dibujando el dinámico y diverso escenario cultural chileno.

A nivel local, el programa de Centros Culturales y en el último año, la iniciativa “Red cultura”, promovidas por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, son buenas noticias, que han contribuido a dinamizar el quehacer en un sector donde el eventismo, la falta de planificación, la fragilidad administrativa de las unidades de cultura, han sido la constante en los últimos años. [2]

Una mirada al vecindario

A nivel regional el panorama es diverso. Mientras, países como Brasil, Perú, Ecuador y Bolivia poseen ministerios dedicados de forma exclusiva a los temas culturales, en  Costa Rica, Paraguay, Uruguay, los ministerios se definen como “Educación y cultura” ó “Cultura y juventud”, o como en el caso de Argentina [3], Nicaragua y México [4], el diseño y operación de políticas culturales recae en las figuras de Secretaría, Instituto y Consejo, respectivamente.

A nivel regional el panorama es diverso. Mientras, países como Brasil, Perú, Ecuador y Bolivia poseen ministerios dedicados de forma exclusiva a los temas culturales, en otros (Costa Rica, Paraguay, Uruguay) los ministerios se definen como “Educación y cultura” ó “Cultura y juventud”, o como en el caso de Argentina, Nicaragua y México, el diseño y operación de políticas culturales recae en las figuras de Secretaría, Instituto y Consejo, respectivamente.

Particular mención merece el caso Boliviano, que de la figura de viceministerio, transita al actual Ministerio de Culturas, destacando en esa pluralidad la diversidad cultural del país, que como establece la nueva Constitución del Estado Boliviano, se declara como plurinacional y multiétnico.

En el ámbito de la participación ciudadana, existen diversos procesos en curso, que con sus particularidades reflejan la oferta Estatal y el accionar del sector cultural en este plano. Destacan, el proceso para la generación de los “Planes decenales de cultura” en Colombia, la discusión ciudadana de la “Ley general de derechos culturales” y la “Política nacional de derechos culturales” en Costa Rica. Mención aparte merece quizás uno de los procesos más interesantes y convocantes de los últimos años, la iluminadora experiencias de los “Puntos de Cultura” en Brasil, que dio origen a la campaña de “Cultura viva comunitaria”, y la promoción de iniciativas legales que buscan consolidar políticas públicas en esta dirección. En Perú, con la “Ley de Promoción de los Puntos de Cultura”, la “Ley de Apoyo a la Cultura Comunitaria, Autogestiva e Independiente” en Argentina y el  proyecto de Ley de “Cultura viva” en el propio Brasil. En todos estos procesos, malestares e inconformidades en cuenta, la voluntad del ejecutivo ha sido expresa y concreta por la participación efectiva.

El proyecto: presencias y ausencias

El proyecto de Ley parte de dos principios acertados: la ausencia de una institucionalidad cultural pública “que promueva  su desarrollo desde una visión integral de todas las dimensiones de aquello que llamamos cultura” y la necesidad de recoger la experiencia y fortalezas que a lo largo de su historia, el CNCA, la DIBAM y el CMN han acumulado en los distintos ámbitos donde se focaliza su quehacer. Sin ir más lejos, dos de estas, la DIBAM (1929) y el Consejo de Monumentos Nacionales (1925), se acercan a cumplir el siglo de existencia, contando con una experiencia institucional de primer orden.

A diferencia de lo que hace algunos años atrás aparecía como un no rotundo a la creación de un ministerio de cultura, con la “inevitable pérdida” del carácter participativo que tendría la actual institucionalidad, pese a las críticas, hoy se aprecia cierto consenso en la necesidad de avanzar en dicha dirección. Diversas instituciones han manifestado las ventajas que supone el transito de un Consejo con rango ministerial, a un ministerio propiamente tal, cuya principal autoridad y actuaciones gocen de dicho estatus. De este modo, se podría decir que la propuesta encuentra al sector en un momento a lo menos expectante. Sin embargo, y como viene siendo la tónica, las instancias de discusión del proyecto promovidas desde el propio CNCA cultural han sido escasas, reducidas a especialistas y en muy acotados periodos de tiempo. ¿Resultado? La iniciativa cuya aprobación va a modificar sustantivamente la institucionalidad cultural chilena, ha sido escasamente discutida por el sector y lo que es más grave, es en general desconocida.

En aquí en el terreno de la participación –una de las preocupaciones más sentidas por el sector- es donde hay mucho por hacer. Más allá de algunos esfuerzos aislados, la experiencia viene demostrando que en general, la oferta de participación en cultura desde el Estado no pasa de ser una formalidad. Los escasos espacios surgidos desde la institucionalidad, más bien dan cuenta de una noción instrumental de participación, más relacionada con la entrega de información, que con el empoderamiento. Como ha venido siendo la constante, los procesos de participación ciudadana quedan al vaivén de la voluntad política de las autoridades de turno.

Revelador es el proceso de formulación de las dos políticas culturales (2005-2010 / 2011-2016) donde es la institucionalidad cultural pública la que se autoconvoca en un modelo –Convención nacional de la cultura- que a la luz de los resultados se presenta como agotado. Paradojal es el caso de la “consulta ciudadana” que en pleno período de vacaciones de verano instaba a participar de la elaboración de la nueva política cultural. Con dos semanas de duración y sin campaña previa,  la encuesta virtual fue presentada como un gran avance en materia de participación. Como era de esperar la iniciativa solo logró recoger poco más de tres mil respuestas. Como certeramente señala el estudio sobre participación ciudadana en el Estado, realizado por Acción (2009), “sin información es imposible participar”. [5]

Posibilidades

Chile requiere y merece contar con una institucionalidad cultural sólida, confiable y capaz de generar las condiciones que hagan posible avanzar de forma integral, inclusiva y descentralizada en el desarrollo cultural. Este proceso debe ir acompañado de un cambio profundo en la forma de hacer las cosas, donde la participación no solo se declare, sino que se diseñe, intencione e implemente; donde las culturas populares y comunitarias gocen de la valoración que merecen y no sucumban ante la industria, el formulario o el Dios del mercado.

Una institucionalidad cultural que sea capaz de dar respuesta eficaz a los desafíos que demanda el desarrollo cultural de Chile, que recoja y  promueva orgullosa la diversidad cultural del país, sus procesos y saberes; abierta y participativa, que abra el juego y no tema a la diferencia; descentralizada, multicolor, polifónica y amistosa, donde quepan y se encuentren los Chile(s) y desde allí y por allí, los agentes culturales, sus iniciativas y procesos se proyecten y desarrollen.

Relevar la diversidad cultural del país y la presencia de los pueblos originarios, el apoyo a las culturas comunitarias, fortalecer la descentralización, generar instancias y procesos de participación ciudadana temprana y efectiva, son entre muchas otras,  preocupaciones que deben ser recogidas en un dialogo nacional informado, abierto e incluyente que recoja las miradas, experiencias, sueños y aspiraciones del sector cultural sobre la institucionalidad cultural que quieren y necesitan. Hay aquí una hermosa oportunidad de seguir pensando el Chile desde el “nosotros” que necesitamos.

[1] Entre los años 2007 y 2011, se destinaron más $6 mil millones al Programa de Centros Culturales. “Política Cultural 2011-2016”. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2011 Pág. 41.

[2] Para mayor detalle ver “Diagnóstico de la Gestión Cultural de los Municipios de Chile” del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Valparaíso 2006.

[3] En mayo de 2014, pasa a ser Ministerio de Cultura.

[4] En diciembre de 2015, pasa a ser Secretaría de Cultura.

[5] Guerra Veas, Roberto. “Consulta nacional de políticas culturales y participación ciudadana: Breves reflexiones más allá del clic”.

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